Muchas más mujeres de las que imaginamos atraviesan una pérdida durante un embarazo.
Sin embargo, casi no hablamos de eso.
Quizás porque ocurrió “muy temprano”.
Porque fueron pocas semanas.
Porque ese bebé todavía no había nacido.
Como si el tiempo de gestación pudiera determinar cuánto vale una pérdida.
Pero mientras alrededor muchas veces hay silencio, el cuerpo de esa mujer sí atravesó un embarazo. Y también atraviesa su final. Hay cambios físicos, hormonales y emocionales. Hay procedimientos médicos. Hay miedo. Hay preguntas. A veces hay culpa..
Y todavía sabemos muy poco sobre cómo acompañar.
Seguimos escuchando frases que minimizan.
Seguimos intentando consolar demasiado rápido.
Seguimos comparando dolores.
Y todavía existen experiencias de atención en las que falta sensibilidad, información y cuidado hacia quienes están atravesando una pérdida.
También hay preguntas de las que casi nadie habla:
¿Qué ocurre cuando un embarazo se interrumpe más avanzado?
¿Qué pasa con ese bebé?
¿Puede su familia verlo, despedirse, tener algún recuerdo?
¿Quién prepara a esos padres para ese momento?
No se trata de decir que todas las pérdidas se viven igual. Se trata de entender que ninguna necesita demostrar cuánto duele para merecer respeto.
Yo también atravesé una pérdida gestacional.
Y quizás por eso hoy siento todavía más necesario hablar de esto.
Porque lo que no se nombra muchas veces se atraviesa en soledad.
Y de estos duelos necesitamos hablar.
Más.
Mejor.
Y, sobre todo, con mucho más cuidado. 🤍
Duele atravesarlo, pero más duele atravesarlo sin el acompañamiento que merece.